Archivo de la categoría: Significado de los sueños

Significado de los sueños

Fases del sueño

Fases del sueño

Han sido muchísimas las investigaciones que han llevado a los especialistas en materia de los sueños a descubrir qué es lo que ocurre cuando una persona duerme una siesta.

Ya en un artículo anterior habíamos dicho que científicamente se han determinado cuatro fases del sueño, las cuales se repiten de forma aleatoria durante toda la noche.

En primer lugar, nos encontramos con la fase de beatitud o adormecimiento. En este punto el soñador parece que estuviera transitando por un escenario en el que se encuentra flotando plácidamente. Es justamente en este instante cuando su subconsciente empieza a trabajar creando imágenes en su mente. Sin embargo, ninguna de éstas quedará almacenada en su cerebro de manera definitiva.

Por su parte, todos los músculos del cuerpo se irán relajando muy despacio (inclusive disminuye nuestro ritmo cardiaco). La respiración se vuelve pausada y es más regular. Cabe decir que al principio de la fase, cualquier sonido, puede poner al sujeto en estado de alerta y por consiguiente obligarlo a despertar de manera súbita. La duración de esta etapa apenas alcanza unos cuantos minutos.

Luego de esto el cuerpo está listo para entrar en la fase dos. Aquí la actividad cerebral presenta un aumento significativo. Los ojos empiezan a moverse lentamente haciendo recorridos circulares por todo lo largo y ancho de su órbita, esto con el fin de encontrar el lugar preciso para un excelente descanso. En lo que respecta al sueño en sí, podemos decir que ahora es mucho más profundo. No obstante, algún sonido más o menos fuerte puede despertar al soñador.

Ingresando ya a la tercera fase, la amplitud de las ondas cerebrales crece exponencialmente, aunque no así su movilidad. Los músculos han alcanzado un estado idóneo de relajación y la respiración es total y absolutamente profunda. Del mismo modo, el ritmo cardiaco baja considerablemente. Lo mismo ocurre con la presión sanguínea y la temperatura del organismo. Para despertar al sujeto, se requiere de un movimiento fuerte o en su defecto de golpes ligeros (palmadas en la espalda, por ejemplo).

Durante la cuarta y última fase del sueño, los síntomas anteriormente mencionados, tienden a agudizarse. Si le hiciésemos un electroencefalograma al sujeto en cuestión en ese momento, fácilmente podríamos ver que sus ondas cerebrales son lentas y con una sincronización perfecta. Cabe decir que el soñador puede responder a estímulos presentes en su entorno, más estará en posibilidades de reconocerlos plenamente, ya que se encuentra en una etapa de sueño profundo.

Esto es un proceso natural absolutamente necesario, para recuperar la mayor parte de energía gastada durante el día en llevar a cabo nuestras actividades cotidianas. No debemos olvidar, que si la persona se despierta sobresaltada, esa tensión acumulada se convertirá en cansancio de nuevo, por lo que el individuo deberá volver a dormir para recuperarse plenamente.

Se han registrado casos de personas que se despiertan intempestivamente luego de alcanzar la cuarta fase del sueño. Se ha comprobado que los sujetos experimentan algo así, pueden sufrir graves cuadros de angustia, miedo e inclusive en casos extremos padecer de sonambulismo.

Por último, te recomendamos que si estás experimentado algo de esto, te acerques a un especialista. De ninguna manera trates de solucionar el problema por tu cuenta, ya que pones en riesgo su salud.

Algunos datos interesantes sobre el sueño

Algunos datos interesantes sobre el sueño

Como todos sabemos, el sueño se encarga de regular y equilibrar varios procesos fisiológicos en el organismo. Por esta razón, es algo que por ninguna razón debemos tomar a la ligera, ya que de hacerlo podríamos ocasionarle graves problemas a nuestra salud.

Lo recomendable es dormir “de corrido” ocho horas durante la noche, pues este es el tiempo que los especialistas han determinado para que un cuerpo en estado saludable recupere la energía perdida.

No obstante, cada persona es diferente y por consecuencia, las demandas de su cuerpo son distintas a las de otro. Los bebés que acaban de nacer, duermen de 12 a 17 horas diarias. Esto con el fin de estimular el correcto desarrollo y madurez del cerebro. Con el paso del tiempo, esa “necesidad” va disminuyendo, conforme otras nuevas capacidades fisiológicas van apareciendo.

Por otra parte, las diferencias que existen entre el modo de soñar que tienen los individuos, han provocado cientos y cientos de mitos y leyendas. De las cuales cabe decir que algunas son verdaderas, mientras que otras son total y absolutamente erróneas.

Por ejemplo, en muchas comunidades todavía se cree que el tiempo de descanso de ocho horas diarias, se debe aplicar al mismo tiempo tanto para personas como para animales. Esta concepción es incorrecta, al menos para algunas especies del reino animal. Los elefantes, no duermen más de cuatro horas al día.

Ahora bien, casi todos estamos de acuerdo que al despertar, no podemos recordar (al menos la mayoría de las veces) lo que soñamos durante la noche. En fechas recientes, un estudio realizado por un “laboratorio del sueño” estadounidense, ha arrojado información sorprendente. Se ha podido determinar que una persona puede soñar por intervalos de tiempo, los cuales en promedio suman la asombrosa cantidad de 90 minutos. Sin embargo, al despertar sólo recuerda pequeños fragmentos de la experiencia.

Para su estudio, los sueños han sido divididos en cuatro fases, dentro de cada una de estas encontramos patrones cerebrales distintos, los cuales a su vez no guardan ninguna relación de interconexión. En un artículo posterior, hablaremos a detalles sobre este tema.

Continuando con los mitos, podemos mencionar el de “contar ovejas” para conciliar el sueño de manera rápida y sencilla. Lo anterior a todas luces carece de una base científica. A pesar de esto lo que sí es cierto, es que al llevar a cabo esta actividad con los ojos cerrados se disminuye gradualmente nuestra actividad cerebral, hasta que alcanzamos un estado de somnolencia. Aunque esto de ninguna manera quiere decir que con ello alcanzaremos un sueño profundo.

Finalizaremos con una creencia que nos inculcaron las abuelitas: “No hay nada mejor para dormir plácidamente que tomar un vaso de leche tibia”. Esta aseveración, se encuentra comprobada científicamente, ya que la leche cuando alcanza cierto grado de temperatura adquiere propiedades que la convierten en un sedante natural.

Esto gracias a que contiene el aminoácido L-triptófano, el cual tiene la función de desencadenar la secreción de sustancias químicas que ayudan a la relajación tanto de los músculos como de los procesos mentales, permitiéndonos conciliar el sueño.

Hay muchas más cosas que contar acerca de los sueños. Por eso, te invitamos a que no dejes de visitar este blog.